Fuente: El Colombiano, 03/08/2017

Así es la Medellín verde que muchos ni conocen

Foto: DONALDO ZULUAGA

Foto: DONALDO ZULUAGA

Medellín tiene 186 hectáreas de espacios verdes para compartir con la naturaleza, respirar aire puro y apreciar la ciudad.

¿Suficientes? El componente de zonas verdes está enmarcado dentro del espacio público, y la ciudad, según su director de Planeación, César Hernández, tiene 3,64 metros cuadrados por habitante, pero el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) proyecta que ese indicador debe ser 7 metros cuadrados por persona.

Hay conciencia de que falta mucho para, tan siquiera, contrarrestar el crecimiento urbanístico de esta urbe de 2,5 millones de habitantes.

Sin embargo, no hay que menospreciar lo que existe: los cerros La Asomadera (33 hectáreas), Nutibara (33) y Volador (107), así como el Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe, (13,2) son tesoros que se mantienen en medio del crecimiento urbano, atenúan el calor y ayudan a la calidad de vida de quienes viven entre edificios, carros y contaminación.

Paraísos verdes de la urbe

Los contrastes afloran entre las montañas que rodean a Medellín. Es la percepción de Luis Fernando González, urbanista y docente de la Universidad Nacional sede Medellín y quien advierte una mala planeación y un desarrollo urbano que no contempla lo ambiental.

“Aquí no tenemos un gran parque. Nuestro Central Park (Nueva York) es el Jardín Botánico y eso es una proporción ínfima frente a lo que significa ese espacio, y es la misma desde 1913 hasta 104 años después. No existe un gran parque, como por ejemplo el Simón Bolívar de Bogotá, un gran escenario verde y de recreación pasiva”, apunta.

Medellín tampoco tiene un parque como el Metropolitano de Santiago de Chile (1.785 hectáreas). En la ciudad colombiana, hay senderos, corredores ecológicos y cerros esparcidos por sus 16 comunas.

El director de Planeación, hace un recorrido por las zonas verdes con que cuenta la ciudad y comienza por las comunas 1 y 2, en el nororiente, donde, acepta, son muy escasas por el asentamiento en zonas de preservación y terrenos inestables.

A diferencia de esa zona de la ciudad, Hernández considera que “al frente, en las comunas 5 y 6 (noroccidente), el componente ecológico es pensado desde la década del 80 cuando se crearon corredores ambientales entre el río Medellín y el cerro Picacho. Está bien marcado y allí hay consolidación ambiental”.

En el occidente, sector Robledo, el verde empieza a ser protagonista. Aparecen el cerro El Volador, la parte alta de Aures, Pajarito y el corredor de La Iguaná. “Ahí están las transversalidades de las quebradas Santa Elena e Iguaná, que son los corredores bióticos más fuertes de Medellín”, aclara.

El recorrido del funcionario continúa por las comunas 8 y 9, en el centro oriente. Allí, considera Hernández, existe un óptimo componente ambiental del que son protagonistas los cerros Pan de Azúcar y La Asomadera.

El lunar, recalca, está en la comuna 10, centro de la ciudad, la zona más densamente poblada. En el sur, está el cerro Nutibara, como epicentro estructurante ambiental y forestal de la ciudad. “Articula los cerros en Medellín”, enfatiza.

El Poblado, revela Hernández, en tres décadas dejó de ser una gran despensa ecológica y le dio paso a los edificios y avenidas.

“Se privilegió la ocupación inmobiliaria. Fue más la demanda comercial que la contención, pero se debió planificar con mayor preservación forestal. Allá se ven corredores marcados como la Aguacatala, La Presidenta. (…) Eran las zonas verdes más grandes de la ciudad”, asevera.

Pero no a todos los que viven la ciudad y han estudiado su urbanismo, como el arquitecto González, se convencen de las estructuras verdes con que se cuenta, principalmente de los cerros Volador y Nutibara, de 107 y 33 hectáreas, respectivamente.

“Nunca hemos terminado de definir qué son: no son suficientemente arborizados. Desde que se formularon en el plan de parques del año 1964, les tiraron una carretera para subir, a uno le hicieron balcones, parque de esculturas, pueblito paisa, un teatro abandonado, senderos verdes con circuitos inadecuados y problemas de seguridad”, dice.

Espacios sin apropiación

No es que se haya renunciado a los parques con preponderancia ecológica. Los espacios verdes de Medellín combinan lo ambiental con la recreación y el deporte y así justifica el secretario de Ambiente, Óscar Hoyos, la importancia de los cerros Nutibara, El Volador y La Asomadera que, dice, han sido intervenidos para el disfrute de la comunidad.

“Son sitios tranquilos para relajarse, compartir con la familia y disfrutar de la naturaleza. Hacer deporte”, anota.

Los parques de Medellín no son lo que más disfruta Alfonso Cabarique. Eso extraña de San José de Costa Rica, donde habita, cuando visita la capital antioqueña.

“No existe un gran bosque en la ciudad. Hay que salir de la parte urbana, por ejemplo al parque Arví, en Santa Elena, para encontrarse con la naturaleza.También me gusta el cerro de las Tres Cruces (entre Belén y Altavista)”, comenta.

Para el secretarioHoyos, los espacios verdes son de calidad, aunque falta más sentido de apropiación hacia ellos. “Los que más visitan son los cerros Nutibara y El Volador, que carece de empoderamiento ciudadano, pues mucha gente ni lo conoce”, concluye .

Ecología y turismo se mezclan en el cerro Nutibara

La tradición de quienes habitan Medellín, y de los turistas que llegan a la ciudad, es visitar el cerro Nutibara, un espacio de 33 hectáreas que recibió ese nombre en 1929 como homenaje a un cacique indígena de la región. Ubicado entre los barrios Belén, Guayabal, Barrio Antioquia o San Pablo, es un referente de ciudad. Para disfrutar más de cerca de sus 33 especies de aves, de las cuales 18 son netamente de hábitat urbano, como el gallinazo cabecirojo o la paloma común, se sube desde el costado norte por un sendero ecológico que a diario recorren cientos de personas con el propósito de una actividad deportiva. Por el sur se llega en vehículo hasta la cima,

donde está el Pueblito Paisa, una muestra de las casas tradicionales de Antioquia. Pero esto no es lo único que tiene el cerro, que ha adquirido de una connotación cultural, por el teatro al aire libre Carlos Vieco y las esculturas en sus caminos peatonales, así como oferta gastronómica. También tiene senderos que son usados para la práctica deportiva. Los alumbrados navideños de fin de año son un atractivo turístico más del cerro Nutibara.

La urbe se ve desde 1.628 metros en el cerro del volador

Por El Volador vuelan casi 100 especies de aves, afirma el secretario de Ambiente de Medellín, Óscar Hoyos. Este cerro, uno de los siete tutelares de la capital antioqueña, es Patrimonio Histórico y Natural de la Nación desde 1992.

De su diversidad en flora y fauna se benefician, principalmente, los barrios que lo rodean: La Iguaná, San Germán, Caribe, Pilarica, López de Mesa, Córdoba, Altamira, entre otros.

Desde su cima, a 1.628 metros sobre el nivel del mar, se divisa gran parte de la ciudad.

Allí se camina por senderos y su ingreso se hace en medio de un portón natural.Se aprecian las ardillas, insectos y existe un pequeño museo arqueológico.

El Volador no ha sido ajeno al abandono al que lo sometieron administraciones pasadas y a los problemas de inseguridad. Hoyos afirma que se le está interviniendo y se amplió el mariposario, con 1.200 metros de largo al aire libre.

El gran pulmón verde en el corazón de la ciudad

El Jardín Botánico Joaquín Antonio Uribe se convierte en un verdadero oasis. Son 13,2 hectáreas, la mayoría ocupadas por grandes árboles, unos nacionales, otros de otras partes del mundo.

Gina D’ Amato, directora de Educación y Cultura de este espacio municipal, destaca que entre los individuos arbóreos que tiene el lugar, y que vale la pena conocer, están las cícadas, una familia con la que convivieron los dinosaurios.

“Además de tener un espacio en el que la gente disfrute una tarde agradable, funciona como un museo vivo. Las personas pueden interactuar con espacios como la casa de las mariposas. Tenemos el laboratorio de agricultura urbana, en donde aprenden experiencias que pueden llevar a sus casa y tener sus propias plantas para poder consumirlas”, explica.

El Jardín Botánico resplandece en la zona norte, cerca de los equipamientos más atractivos de la ciudad, símbolo de renovación. D’ Amato, comenta que al lugar asisten 100.000 personas al mes e, incluso, hay fines de semana con hasta 8.000 visitantes. La entrada es gratuita.

Habrá conexión ecológica

Conectividad ecológica de la infraestructura verde. Queremos unir todos los nodos de este tipo en al ciudad, entre ellos los cerros tutelares. La idea es empezar a sembrar árboles en vías públicas, zonas verdes para hacer una conectividad urbana y posteriormente ecológica entre lo urbano y lo rural.

Tenemos analizado un polígono principal y donde vamos a hacer siembras. Nos permitirá establecer una conectividad de flora y fauna, especialmente avifauna, y llegar a una conectividad social, es decir que los ciudadanos puedan disfrutar de estos espacios. Es reverdecer la ciudad.

Habrá siembras masivas, proliferación de flora, atrapamiento de ruido, CO2, paisajismo, espacios. Un proyecto que lo que quiere es recuperar lo que hemos perdido con el crecimiento demográfico”.

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