Fuente: El Tiempo, 03/11/2017

¿Por qué Medellín genera tanto arraigo?

El amor a la capital paisa le ha permitido grandes avances pero también lo ciega a los problemas.

Arraigo Medellín

La tradición de los pueblos, la gastronomía y el culto a la virgen influyeron en el pundonor que sienten los paisas por Medellín Foto:  Esneyder Gutiérrez

A Medellín la hicieron los campesinos de Antioquia que se trajeron un pedazo de la finca para el cruce de caminos que era Medellín y eso le da una particular característica a la ciudad, que sigue siendo rural y con pensamiento rural.Algo que aún se ve reflejado en las casas con matas y con pájaros. En el fenómeno turístico de las famosas ‘puebliadas’ los fines de semana, cuyo trasfondo es el mismo: volver a las raíces.

 Ese amor a la tierra sigue perdurando 342 años después como una herencia inexplicable de una Medellín que, según el docente, periodista y escritor José Guillermo Ánjel, existe como un imaginario en los que viven en este valle.

Hablar mal de la ciudad casi que es un pecado porque queremos y mantenemos una Medellín en la cabeza y no en los ojos. Y eso es un problema. Cuando uno tiene un amor muy profundo por algo no ve las problemáticas que tiene”, expresó Ánjel.

Al paisa le sucede algo muy extraño: quiere irse de Medellín para cuando esté lejos, poder añorarla.

La ‘tacita de plata’ se está oxidando. Le está llegando el ocaso a la ‘eterna primavera’. Y aquellos que más amor profesan a esta tierra son, en su mayoría, los culpables de la realidad que vive.|

Para el escritor, Medellín se volvió una torta a la que vienen todas las hormigas, pero se la están comiendo toda. “En el caso de los desplazados, así vivan en la calle, les va mejor que en el lugar de donde viene. Eso convirtió a Medellín en lo que vemos hoy: matamos la periferia”.

El arraigo de los paisas por su tierra, se da por varios componentes, comenzando por la tierra misma. Mezclas entre sí mismos, pensamiento en primero comprar vivienda, la comida de la región y un culto a la virgen, son algunas de las razones.

Para el profesor Ánjel, Medellín fue nombrada ciudad a la brava por Juan Del Corral, pues en esa época (1675) las ciudades eran Santafé de Antioquia, Rionegro y Marinilla. Medellín era una villa. Un cruce de caminos que conectaba toda Antioquia. Y allí radicó su importancia.

“Muchos comerciantes poderosos se asentaron en lo que hoy es la capital antioqueña fue por el río Medellín, llamado también el ‘río de las minas’, porque si uno lo sigue llega al río Porce, Nechí y llega a Remedios, El Bagre, Segovia (…) si Medellín se caracteriza por su comercio no es por descendencia judía o de moros, sino porque hay minas, de lo contrario a nadie se le habría ocurrido montar un gran comercio y al haber comercio hay dinero y al haber dinero hay construcciones y aparece el mito de que todo antioqueño nace en el Parque Berrío, pero es porque ahí asentó su negocio”, explicó el experto.

No ha sido fácil vivir en Antioquia. Persistir y no desistir ante las condiciones adversas del terreno montañoso para asentar pueblos en laderas que parecen imposibles, le dieron al campesino un “mito” de creer que todo lo puede. Algo que se ha heredado al traer ese pedazo de tierra a la ciudad así como en la colonización que se dio hacia otros lugares.

Si bien ese pensamiento ha permitido que en Medellín perdure el afán de seguir haciendo cosas, de seguir construyendo, manteniendo tres valores básicos: Las familias ordenadas (padre, madre y hermanos que todavía se reúnen); los negocios como herencia familiar, y las representaciones culturales, como la Feria de las Flores o creaciones literarias como La Oculta de Héctor Abad, Tanta Gente de Memo Ánjel o A la casa del barrio de Emperatriz Muñoz Pérez.

Obras que no han dejado perder la identidad que hay en la ciudad y narran lo que significa nacer esta parte del mundo.

Pero de otro lado, también ha creado un pensamiento de que la ciudad lo es todo, generando una falta de visión.

Medellín significa civilización en Antioquia y es un problema que no deja ver la potencialidad de otras regiones como Sonsón o Apartadó. “Todo es Medellín”.

“La ciudad perdió el patrimonio geográfico. Ya no somos una ciudad entre montañas sino una ciudad entre casas, se perdió el patrimonio histórico (diferente al arquitectónico) y apenas se lucha por el patrimonio cultural”, expresó Ánjel.

Para bien o para mal, casi tres siglos y medio han mantenido vigente una historia de amor entre un paisa y su tierra. Cambia la arquitectura y hasta la vocación económica, pero no la esencia.

“Que el folklore se puede acabar y el pueblo puede quedarse sin pan de tradición y desnudo desde el punto de vista cultural, es evidente. Un afán de salvar de la muerte lo más nuestro me ha impulsado por años a recogerlo”. Para historiadores –o melancólicos- ese prólogo del Testamento del Paisa, escrito por Agustín Jaramillo Londoño, recoge el alma de Antioquia.

David Alejandro Mercado
Redactor de EL TIEMPO
davmer@eltiempo.com

Vea la noticia original aquí.